Fichas de algunos inmuebles del patrimonio histórico y arquitectónico con relación a Valparaiso Zacatecas.

     La Casona de la Condesa de San Mateo. El título de Conde de San Mateo de Valparaíso, concedido por Felipe V, el 14 de julio de 1727, fue uno de los tres títulos nobiliarios que existieron en el Zacatecas colonial, y está ligado a la particular historia del sobrio recinto de la hoy llamada Casa Grande. El primer conde fue el coronel de milicias don Fernando de la Campa y Cos, quien había nacido en España hacia 1676.

    En estas tierras americanas casó en primeras nupcias con Doña María Rosalía Dozal Madriz, natural de las minas del Fresnillo. Con ella procreó dos únicas hijas, que fueron Doña María Ildefonsa y Doña Juana de la Campa y Cos Dozal Madriz. Don Fernando salió bueno para tener puras hijas, pues en segundas nupcias, nuestro conde casó con Doña Isabel Rosa Catarina Ceballos Villegas, y con ella procreó sólo una hija, que fue Doña Ana María de la Campa y Cos Ceballos y Villegas, nacida en 1717.

    Sobre el carácter del primer conde sabemos que fue un hombre noble y caritativo que gozaba de gran prestigio entre los zacatecanos. Era dueño de las muy ricas haciendas de San Mateo y de Valparaíso, de donde le vino el nombre a su título. Además se distinguió como protector del colegio de los Mil Ángeles Marianos y promotor de la educación en Zacatecas.

    Seguramente el entusiasmo por su segundo matrimonio hizo que don Fernando se decidiera a construir la primera parte de este palacio en la ciudad de Zacatecas hacia 1730, precisamente como morada para su nueva esposa. Ha de haber pensado don Fernando que el tamaño del título merecía un palacio de mayores proporciones, por lo que para ampliarlo, dos años más tarde, compró seis de las casas aledañas pertenecientes algunas de ellas al convento de San Juan de Dios. Cuatro de estas fincas se ubicaban al sur del palacio, rumbo al colegio de los Mil Ángeles Marianos y las dos restantes al oriente.

    Fue precisamente doña Ana María de la Campa y Cos quien sucedió en el título al viejo coronel de infantería española. La tradición zacatecana siempre ha sostenido que los zacatecanos apreciaban por regla general a los miembros de su nobleza, pero de manera muy especial a doña Ana, quien se reputaba como una de las personalidades más queridas en la ciudad debido a sus dotes de mujer piadosa y filántropa, siempre desprendida y generosa con los pobres. La tradición atribuye a su desprendimiento la donación en 1801 a la catedral de Zacatecas de una pila bautismal de plata pura a cambio de la de piedra en la que ella misma había sido bautizada para llevarla a la capilla de la hacienda de San Mateo Valparaiso. La pila metálica pesaba 474 marcos una onza de plata. Sobre su personalidad se han creado y recreado varias leyendas cuyo relato aún nos sigue fascinando en el recogimiento de nuestros hogares.